LOS
ENÓPATAS
Descripción
morfológica y psicológica de la raza (por Juan Ferrer)
Durante
años se había creído que la enopatía (sobre todo en su versión más grave que es
la espongiforme) era una enfermedad incurable, que afectaba solamente a un
individuo de cada 10.000 habitantes, sobre todo en los países desarrollados;
recientes investigaciones del Instituto Monell de Filadelfia, han demostrado
sin lugar a dudas que estos extraños seres, forman una raza nueva, con
características morfológicas propias y pautas de comportamiento diferenciadas
de otras especies (casi siempre) menos inteligentes.
El enópata
es un animal de gran rusticidad que es capaz de no sólo sobrevivir en
condiciones paupérrimas, sino de prosperar en un ecosistema verdaderamente
extremo (se podrían considerar extremófilos, si no fuera por su gran
dependencia del vino de buena calidad), solo administrándole Vino, su
"alimento favorito" cada ocho horas, algunos hígados de bípedos
volátiles, algo de marisco y unas cuantas copas de extrañas formas, pueden
llegar a vivir durante más de cien cosechas.
Suelen
ocupar zonas geográficas con pocas precipitaciones, (ya que sus individuos
suelen ser hidrófobos) y aprecian las zonas templadas, sobre todo en verano,
puesto que su piel, debido al alto contenido en polifenoles, es muy sensible a
las altas temperaturas, ya que de calentarse en exceso, despedirían un hedor a
hollejo caliente y a pasas insoportable para sus congéneres menos desarrollados
olfativamente.
Como decía,
son seres extremófilos pero no en sus condiciones de vida, sino en su
comportamiento, el hábitat de los enópatas siempre está situado entre las
latitudes 30º y 50º de ambos hemisferios, no proliferan en los trópicos e
incluso los pocos ejemplares que viven allí, son tristes y pronto dejan de aparearse,
sus madrigueras suelen estar repletas de botellas (llenas o vacías), corchos,
copas y unas extrañas neveras de color oscuro donde guardan su alimento.
Es raro
verlos en islas de pequeño tamaño, ya que su condición de hidrófobos les
imposibilita físicamente el estar rodeados de agua por todas partes. Solo
existe un caso en el mundo, (Miguel Ángel Prieto) lo que confirma esta regla.
Su leche
tiene un alto contenido en polifenoles, antioxidantes, grasa y proteínas, por
lo que constituye un alimento indispensable para los bípedos (especialmente los
menstruadores), esta a veces se agria y se convierte en mala leche, sobre todo
en épocas de represión, deshidratación o escasez de vino.
No suelen
procrear en cautividad, (a pesar del descomunal tamaño de su aparato
reproductor) ni responden satisfactoriamente al castigo físico, (salvo que les
guste) eso lo dejan para los albatros y otras especies de pequeño peso
cerebral, la fidelidad en el mundo de los enópatas, simplemente no existe,
sería el equivalente a beber todos los días el mismo vino.
Es una raza
cimarrona, con tendencia al asilvestramiento y, por tanto, no responde bien a
la estabulación, ya que sus uñas, sin una manicura cuidadosa, irían degenerando
y creciendo hasta clavarse en su hígado, dotado de una gran estructura
radicular y enorme tamaño (suele llegar hasta los tobillos), este órgano, es la
parte central de todo ente enópata.
Suelen ser
individuos solitarios, aunque se les vea habitualmente en compañía de otros
seres, no rechazan una buena juerga con amigos de perfil psicopatológico
similar; a pesar de ello, no responden bien a la domesticación debido a su
carácter no gregario ni grupal.
Habituados
durante milenios al onanismo, son seres autosuficientes, montaraces, que no
obedecen ni a las amenazas ni al castigo físico y si se les priva de su
alimento básico, se convierten en individuos peligrosos que suelen responder
con extremada violencia ante cualquier estimulo adverso. Crean una especie de
campo magnético a su alrededor que repele o atrae a seres de todos los sexos,
no dejando indiferente al prójimo casi nunca.
Suelen
tener los ojos vidriosos, glaucos (los que se alimentan de champagne) y
pestañean poco. A menudo crean relaciones de Amor-Odio con los terrícolas y las
mantienen durante muchos años. Aunque si dichos enemigos supieran la verdadera
opinión que los enópatas tienen de ellos, los odiarían todavía más.
Dedican
todos sus recursos físicos y económicos a la consecución de alimento de buena
calidad, su Dios es la emoción, el sentimiento, la estética, la mágia, ese
pellizco que tienen algunos vinos del mundo, consagran su vida a la persecución
de ellos.
Suelen ser
heterosexuales, pero hay un reducido grupo de individuos homosexuales, en este
caso forman un subgrupo morfológico ligeramente diferente, y mudan su nombre
por el de anópatas, estos seres están mejor dotados para identificar las gamas
aromáticas florales, frutales y vegetales, mostrando carencias graves en otras
familias como la empireumática y la química.
Son de
orejas más finas, y de menor tonelaje físico, su porte es más elegante y
grácil, (Felix Pugnans) aunque
carecen de la rotundidad y empatía del enópata común. Por tanto son
complementarios y necesarios en las sesiones de alimentación en grupo, llamadas
comúnmente Catas, puesto que interactúan (sin mariconadas) y se enriquecen
mutuamente.
Por extraño
que parezca no se han identificado enópatas pelirrojos ni dedicados a la
enología, aunque de momento los científicos no descartan su existencia.
Los
enópatas más comunes, suelen ser hombres, (con honrosas excepciones) de
naturaleza generosa, voraz y excesiva, solo tienen un depredador conocido,
aunque de tremenda efectividad, este es el bípedo menstruador, (vulpes vulpi), extendido por todo el
orbe y dotado de letal mordedura.
Cuando
captura a su presa, -a veces con pasmosa facilidad-, suele segregarla del
grupo, y tratar de domesticarla, (misión imposible) solo en raras ocasiones se
han verificado cambios dramáticos en el comportamiento del enópata, llegando en
casos extremos a dejar de beber compulsivamente, aunque dicha situación se
invierte en un breve espacio de tiempo, recuperando rápidamente su nivel de
polifenoles en sangre.(la cabra tira al monte)
Afortunadamente
el antinatural estado de abstención, es totalmente reversible y no hace falta
(la mayoría de las veces) ni siquiera tratamiento psiquiátrico, el retorno al
feliz estado inicial suele producirse espontánea y rápidamente.
También se
podrían considerar como sus depredadores naturales, -aunque en menor medida-, a
los bodegueros voraces y a los enólogos lenguaraces, esos que tratan sistemáticamente
de engañáramos tomando atajos y que ponen los precios de los vinos a voleo, con
exceso, sin piedad, hacia esta apreciada especie en vías de extinción.
Las enópatas
de sexo femenino (¿contrario?), suelen mostrar los mismos síntomas, asociados a
los excesos y a las alarmantes carencias, aunque algo atenuados, debido sobre
todo al menor tamaño del órgano principal de la especie que es el hígado.
Presentan
la extraña facultad entre la raza Enópata, de ser “trilinguis” (hablan varios
idiomas) o a veces más, lo que facilita las incursiones en otros países
vinícolas.
Se
reconocen fácilmente entre ellos, aunque para el profano no es difícil
identificarlos, presentan ribete marcadamente violáceo en los arcos
superciliares y en el borde superior de las orejas, estas suelen ser gruesas, pentalobuladas,
con el envés velludo, de gran tamaño y opacas, lo que les diferencia netamente
de la raza contraria, que son los abstemios, esos seres despreciables, longilíneos,
desprovistos de alegría. Tan absurdos, que
se niegan el placer a sí mismos, y que muestran comúnmente rostros alargados y
tristes (como escapados de un cuadro del Greco o Munch), pabellones auditivos
traslúcidos y repletos de venillas azuladas.
La lengua
del enópata suele ser similar a la de los Chow Chow, tanto en tamaño,
rugosidad y grosor, como en su típico color azulón, aunque la
lengua enópata, está dotada de una mayor cantidad de papilas gustativas y una
finísima sensibilidad térmica, (para un enópata, supone una grave ofensa que le
sirvan un vino a mayor o menor temperatura de la adecuada) muchas veces (sobre
todo en épocas de gran escasez) su apéndice lingual, se presenta en forma
bífida, en ese caso, su mordedura es extremadamente venenosa.
A algunos
enópatas puede enseñárseles a callar, incluso son felices sin hablar, aunque al
célebre subgrupo Vulpes Vulpi es
materialmente imposible.
La nariz de
un enópata, suele ser voluminosa aunque de buenas proporciones (algunos de
ellos la tienen recubierta -interior o exteriormente- de metales nobles), y
siempre andan olisqueándolo todo, como si de hambrientos lebreles se tratase,
sus ojos son casi siempre brillantes, vidriosos, inquietantes y oscuros.
Su cerebro
es siempre de gran tamaño, aunque la mayoría de individuos tan solo lo utilizan
parcialmente, teniéndolo tremendamente especializado, suelen ser monotemáticos,
obsesivos y aburridos (para los no iniciados) y la palabra más pronunciada en
su limitadísimo vocabulario es VINO.
Dotados de
una curiosidad sin límites, estos animales de presa de orden superior, son
insaciables, su voracidad no conoce límites, no duermen nunca y siempre están
dispuestos para el siguiente vino.
Suelen ser muy
viajeros, aunque tienen limitado su horizonte a países donde se elabora vino,
su único alimento, éste les nutre al mismo tiempo física y espiritualmente, por
lo que no necesitan una absurda religión substitutiva.
El área
cerebral asociada a las relaciones sociales y al afecto humano, está seriamente dañada en los enópatas, en su
cerebro afectivo, solo tiene cabida añadas, aromas, marcas y zonas vinícolas,
no son capaces de apreciar realmente nada con patas, sobre todo si no contiene alcohol
o polifenoles.
Utilizan un
lenguaje propio, una especie de esperanto, jerga común a todos ellos, aunque
sean de países diferentes. Tienen marcada tendencia al arrastramiento de las
palabras, sobre todo hacia el final (¿tienen final?) de sus reuniones. Algunos
son mascachapas, (los narices de metales) aunque de momento son minoría en casi
todas las regiones vinícolas, salvo en Valencia donde los metaloides
cocainómanos, ya son mayoría.
Los
Enópatas suelen llevar tatuado en el glande o la vulva, un código de barras y
sus “Coup de Coeur”, es decir, el nombre de todos los vinos que les han
emocionado, por lo que se hace imprescindible -para formar parte de esta
peculiar raza-, un voluminoso aparato reproductor.
Viven
intensamente, son seres honestos y para su desgracia, suelen decir lo que
piensan, lo que les granjea la enemistad sistemática de los vulgares,
indefinidos y gregarios, falsamente llamados por el resto de la pútrida
sociedad “normales” o diplomáticos.
Curiosamente,
forman una nación apátrida e independiente repartida por todo el mundo, aunque
no tienen bandera, ni himno, ni ejército, los ejemplares superiores suelen ser
además anarquistas, desdeñando sistemáticamente el orden establecido, el único
orden que respetan es el de las botellas en una cata.
Tienen
hábito de reunirse en pequeños grupúsculos, con la finalidad de beber ingentes
cantidades de VINO, como hemos dicho antes, su alimento físico y espiritual
favorito.
Son
insaciables (en muchos órdenes de la vida) y a diferencia de otras razas
depredadoras, los enópatas comparten sin reparo y de buen grado, su bien más
preciado, el VINO, asegurando que ello los enriquece a todos, no ven nunca el
final de una buena velada y suelen ser amantes mediocres, ya que su “cabeza”,
siempre está en otra parte y por “chupar”, entienden otra cosa distinta a la
comúnmente requerida por sus eventuales parejas.
FALTAS: Cualquier
desviación de los criterios antes mencionados se considera como falta y la
gravedad de ésta irá en función de la desviación del estándar enópata.
FALTAS ELIMINATORIAS
· Cualquier signo de agresividad después
de haber tomado un buen vino.
· Trufa metálica o que gotea
constantemente.
· Fumar.
· Emborracharse.
· Lengua constantemente visible, estando
la boca cerrada. Especialmente si es de color rosáceo.
· Esnifar cualquier cosa que no sean los
aromas del vino.
· Beber o defender el consumo de cerveza.
· Retorcimiento anómalo de la mandíbula
inferior. (masca-chapas)
· Mandíbula inferior que sobrepasa la
mandíbula superior. Llenándose la boca de agua al llover.
· Cualquier manía asociada a los tipos de
vino. “Yo soy de tintos, el mejor blanco es un tinto, a mi el champagne no me
va……etc.”
· Escupir los vinos de buena calidad.
· No compartir los vinos, incluso los más
valiosos.
· Jactarse ante los enopatillas de los
vinos que has catado.
Hace más de
23 años, a principios de noviembre de 1986, se creó la asociación Enópatas
Mundi, que destina la totalidad de sus fondos a la expansión de esta benéfica
pandemia, además de a la cría, fomento y conservación de la raza Enópata.
De hecho,
todos los clubes enópatas del mundo están asociados a ella.
Si has
leído todo lo anterior, ¡ya es tarde!, es probable que la enfermedad enópata
haya hecho presa en tu cuerpo. Hay varias formas de saber si has cruzado el
punto de no retorno, te pongo varios ejemplos para que te hagas una
autoevaluación.
Si tu bodega
tiene más valor que tú propia casa: ¡Eres Enópata!
Si eres
incapaz de comer sin vino de buena calidad: ¡Eres Enópata!
Si tu coche
es viejo y desvencijado, pero sigues bebiendo vinos de puta madre: ¡Eres
Enópata!
Si para
divertirte te reúnes con amigos para ir a un restaurante o para beber vinos sin
límite: ¡Eres Enópata!
Si sueñas
con catar vinos míticos en vez de con tías o coches deportivos: ¡Eres Enópata!
En fin, que
si has llegado hasta aquí: ¡Eres Enópata!
¡Bienvenido
a la banda!
Juan Ferrer Espinosa Gran Jefe Enópata ©
Para saber más, consulta la definición completa de Enópata pinchando aquí: Enópata